Es
usted muy polifacético y, por tanto, alguien difícil
de presentar. Defínase usted mismo.
Yo me considero un peregrino, un nómada a través
de la Literatura y de los viajes.
Comenzó siendo
deportista, pero en la actualidad, su faceta más conocida
es la de explorador. ¿Cuál fue ese primer viaje
que le descubrió el Amazonas, una de sus grandes pasiones?
Yo fui con una beca en el 53 a Puerto Rico para competir en
lanzamiento de jabalina. Allí empecé a conocer
la zona y en el 60 fui a Chile a un campeonato iberoamericano
y ya no volví. Viajé a la Isla de Pascua, de allí
a Bolivia, seguí conociendo el altiplano de Perú
y acabé el Amazonas que cambió mi filosofía
de vida. Aprendí a convivir con la inseguridad, a bajar
las necesidades y salir de la mentalidad de la sociedad de consumo.
¿Qué lección
nos pueden enseñar los indígenas?
Tenemos mucho que aprender de ellos porque, por suerte, no están
contaminados con nuestra civilización. En esos pueblos
de la selva se oyen risas durante todo el día y la gente
es feliz y sonríe. Por desgracia eso se está perdiendo
y las caras de la gente con la que uno se cruza por la calle
lo demuestran. Antiguamente la gente tenía mucho que
contar, había caminantes que se paraban y hablaban durante
horas, ahora ya no hay tiempo, ni ganas.
Tras habar viajado por
todo el globo, ¿le queda algún rincón por
conocer?
Nuestro rincón; mi rincón. El viaje más
importante es el interior, en el que te conoces a ti mismo.
Ignacio de Loyola hacía sus ejercicios espirituales para
ese viaje tan importante. Lo hacen los tibetanos, y en su día
lo Mayas.
Después de tantos
años viajando, ¿se siente pamplonés o un
ciudadano del mundo?
Yo soy vasco-navarro, hay que recuperar las raíces, y
las nuestras son los vascones. Los vascos de hoy son los antiguos
Autrigones, Várdulos y Caristios. Esa historia la estamos
estudiando en la Ruta Quetzal. Nuestros orígenes están
en los viajeros y los conocemos gracias a los relatos históricos
de viajeros. Hay que leer las crónicas y los libros para
saber y comprender.
¿Dónde
le gustaría estar ahora mismo?
Debajo de un árbol, como estoy ahora, y en algún
bosque del pirineo vasco-navarro, que tanto me recuerdan a mi
infancia, o en la selva del Amazonas. A pesar de que yo estudio
el pasado, afición que empecé leyendo con libros
de caballería, yo vivo el presente y miro hacia el futuro,
no viajaría al pasado.
¿Qué libros
le acompañan en sus expediciones?
Suelo llevar libros de biología o botánica y también,
en función de cada territorio, leo textos y todo lo que
puedo encontrar de historia, religiones, sus orígenes.
Además siempre me rodeo de gentes de la zona que me cuentan
las fábulas y leyendas de cada lugar. Yo ya no puedo
estar solo, tengo en mi cabeza tantas sensaciones, olores, historias
y vivencias irrepetibles que nunca siento soledad. Es la ecuación
de mi alma presente.