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Greta
Lovissa Gustafsson, verdadero nombre de Greta Garbo, nació
un 18 de septiembre de 1905 en Estocolmo (Suecia), en el seno
de una familia pobre. El quedarse huérfana a los catorce
años le obligó a tener que dejar el colegio y empezar
a trabajar, empezando como enjabonadora en una barbería
de Estocolmo y, posteriomente, como dependienta de una tienda.
En 1922 buscó una salida más tangible e hizo el
examen de entrada para la Academia Real de Arte Dramático,
donde le admitieron. Su descubridor fue Maurice Stiller (aunque
el que la lanzó al estrellato fue Louis B. Mayer), uno
de los grandes creadores del cine mudo, quien se la llevó
con él, primero a Alemania y luego a los Estados Unidos.
Ambos
fueron contratados por Hollywood, donde Garbo desempeñó
su primer papel en 1926. Su éxito fue inmediato, teniendo
como parejas a grandes artistas de cine de la época como,
por ejemplo, John Gilbert. Ella supo amoldarse a ese arquetipo
de mujer distante, indestructible y enigmática que triunfaría
en el cine mudo. Pero el gran momento de la actriz, el que daría
paso a su exitosa carrera, coincidió con su película
El demonio y la carne (1927).
Garbo
fue una de las pocas estrellas del cine mudo que consiguió
conservar su posición al llegar el cine sonoro. Su belleza
y su voz ronca la convirtieron en uno de los grandes imanes de
atracción del público de todos los tiempos para
la industria cinematográfica. Actuó en catorce películas
sonoras, entre las que cabe destacar La reina Cristina de Suecia
(1933), Ana Karenina (1935), Margarita Gautier (1936), Ninotchka
(1939) y Gran Hotel (1932).
A lo largo
de su carrera, fue nominada en cuatro ocasiones al Oscar como
mejor actriz por sus papeles en Anna Christie (1930), Romance
(1930), Margarita Gautier (1937) y Ninotchka (1939) y, aunque
en ninguna de ellas consiguió la estatuilla, en 1954 la
Academia de las Artes y las Ciencias Cinematográficas le
concedió un Oscar especial como reconocimiento a sus interpretaciones.
Además de este galardón, obtuvo en dos ocasiones
(1930 y 1941) el premio de la crítica de Nueva York por
sus interpretaciones en Ana Karenina y La mujer de las dos caras
(1942).
Cuando
sólo contaba con 35 años se retiró, tras
rodar La mujer de las dos caras, la cual resultó un fracaso.
Más tarde se supo que su abandono se debió a que
ella nunca quiso envejecer de cara al público, a pesar
de los numerosos intentos de persuasión realizados para
que regresase ante las cámaras, nunca más volvió
a los estudios de cine. Desde ese momento se le empezó
a conocer con el apodo de La misteriosa, debido al secretismo
que rodeaba su vida privada y que dio pie a numerosos rumores.
A lo largo de su vida, mantuvo sonados romances tanto con hombres
como con mujeres, casi todos compañeros de profesión
aunque nada de esto afectó a su envidiable carrera cinematográfica.
Por último,
es curioso destacar lo que comentó otra estrella del celuloide
como es Paul Newman acerca de ella: “Jamás he sentido
envidia por nada ni por nadie. Solamente por los actores que tuvieron
la dicha de trabajar con ella. Cómo lamento no haber pertenecido
a aquella época. Incluso hubiera sido su director en más
de una ocasión. Bueno, si ella lo hubiese aceptado, claro”.
Algo que ahora es imposible puesto que este mito del cine nos
abandonó el 15 de abril de 1990 en París desvinculada
totalmente del mundo cinematográfico.
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