| |
Se lo contó a sus escasos amigos verdaderamente íntimos:
la noche anterior, con dos a la vez. En serio. Lo que contó
a sus amistades no tan cercanas, e incluso a todo conocido que tuviera
la ventura de cruzarse con él aquel día, fue exactamente
lo mismo. Además, tropezó con su también amiga
Sandra. Lejos de repetir la historia, ante ella se limitó
a afirmar que que va, que no hubo suerte esta vez. Y durante el
resto de la conversación se rascó la cabeza nerviosamente
un total de cinco veces. No lo entendía. Conocía muchas
chicas guapas, más que ella; más inteligentes, más
simpáticas, ni que decir tiene que más sensatas. Sin
ir más lejos, acababa de trabar contacto con una, objetivamente
hablando, estupenda. Pero ninguna producía semejante efecto
en sus tres principales órganos vitales. Una tarde, tuvieron
la agradable sorpresa de descubrir que la efervescencia interior
era mutuamente provocada. Las palabras y los gestos inmediatamente
posteriores indicaban que iban a disfrutar de un intercambio, no
de pareceres. Sin embargo, sin dar apenas tiempo de empezar a hacer
nada, él se detuvo, se apartó de ella y acabó
marchándose, aun a pesar suyo.
-Me gustas tanto que no voy a acostarme contigo -le explicó.
Si te gusta escribir, envía
tus artículos y relatos cortos con tu firma y un teléfono
de contacto a: cuentameeldsb@yahoo.es.
Entre todos los que recibamos, elegiremos uno cada mes para que
se publique en la sección CUÉNTAME de El Desembarco.
|
|
|