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Los primeros contactos
con las ONG
Sobre la posibilidad
de iniciar una relación laboral o de colaboración
con una organización de este tipo, María recomienda
paciencia. “Yo siempre aconsejo lo mismo a la gente joven:
que empiecen con voluntariado aquí en España. Que
comiencen con proyectos de exclusión social. Hay cantidad
de organizaciones como Médicos del Mundo o Médicos
Sin Fronteras que trabajan en este campo, también los Ayuntamientos.
Y a la vez que se intenten ir formando para salir fuera, especialmente
en cuestión de idiomas. A partir de ahí es ponerse
en contacto y mandar los currículos a las distintas ONG.
Es un proceso difícil y a mí particularmente me
ha costado conseguir alcanzar el perfil. Cuesta llegar a ese punto
en el que una organización te diga: “Eres útil
y puedes colaborar”. Sin embargo, es cierto que hace falta
gente. Si echas un vistazo en las ofertas de empleo, siempre están
buscando personas. Hay que estar en el lugar ideal en el momento
oportuno, pero siempre comenzando desde aquí. Si no eres
capaz de comprometerte aquí con algo pequeño, aunque
sea una vez a la semana, ¿podrás comprometerte allí
con algo tan distinto?”
El aterrizaje
en Guatemala
Tras el paso de la tormenta tropical Stan, María se desplazó
a Guatemala para iniciar el proceso de asistencia. “Llegué
una semana después de que ocurriera el desastre. Nos fuimos
a la zona de Sololá (pequeño departamento situado
en la región meridional de Guatemala). Allí ya había
gente de Médicos del Mundo desarrollando diferentes proyectos,
y se decidió que nos estableciésemos en el distrito
de salud de San Pablo. La situación que nos encontramos
en la zona era de falta de agua potable, debido a que las infraestructuras
estaban destruidas; había zonas que no habían sufrido
daños y otras áreas de la ciudad mucho más
afectadas. En la zona de San Marcos se había desbordado
el río; los ancianos nos comentaron que 50 años
atrás había ocurrido lo mismo, y el río había
recuperado un cauce antiguo que pasaba por el centro del pueblo.
No hubo víctimas, pero sí grandes destrozos. La
gente tenía miedo y cuando llovía un poco más
fuerte todos se preparaban para salir corriendo. Estaban preparados
para salir de casa con lo justo”.
Esta extremeña
había participado ya en las labores de asistencia a las
víctimas del maremoto. “Una situación de emergencia
totalmente diferente a la vivida en Guatemala”, apunta.
“En Chalam (Sumatra) no había nada. Tan solo quedaba
en pie un centro de salud de cuidados bases y el hospital militar,
a donde la población no quería ir por el conflicto
con la guerrilla. Aparte de eso no había más que
tiendas de campañas. La población venía a
nosotros en busca de todo tipo de ayuda. En cambio en Guatemala
íbamos a apoyar el sistema sanitario existente. Nos pusimos
en contacto con el responsable de salud del distrito y él
fue quien nos indicó cuáles eran las necesidades
más urgentes. Todo el tiempo estuvimos acompañados
por él y nosotros éramos un apoyo. Además
de los muertos causados por los corrimientos de lodo que sepultaron
el barrio de Panamá, toda la zona fue afectada en mayor
o menor grado. Se destrozaron muchas cosechas. El maíz,
a pesar de que había quedado en pie, se pudría,
por la cantidad de agua que había en los cultivos. Son
lugares en los que ha habido mucha deforestación y con
las lluvias toda esa tierra que sujetaba los árboles es
arrastrada en forma de lodo”.
El proyecto de emergencia desarrollado por Médicos del
Mundo en Guatemala tenía como prioridad mejorar las condiciones
de vida y sanitarias en tres distritos guatemaltecos. “Se
realizaba el restablecimiento urgente de las conducciones de agua,
a fin de evitar que se abasteciesen con agua en mal estado y pudiesen
aparecer epidemias. Además, el proyecto incluía
un estudio para construir unas conducciones más estables
de las que había”.

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El protocolo
de actuación tras la emergencia
En el caso de Indonesia,
Médicos del Mundo envió una misión exploratoria
de cuatro personas, que contactó con otras organizaciones
y buscó un lugar dónde poder trabajar sin duplicar
esfuerzos. Alguien les habló de la zona de Chalam, en la
que hacía falta asistencia sanitaria. En 48 horas se montó
un hospital, que consistía básicamente en una tienda
de campaña y a la vez se comenzó a dar asistencia.
Paralelamente, en España se montó otro equipo que
también se fue para allá”. Una vez en el lugar,
esta enfermera señala que lo mejor es ir viendo las necesidades
que surgen. “Te toca hacer de todo y atender a todo tipo de
personas: desde mujeres embarazadas a enfermos de malaria. Tienes
que ir con la mente muy abierta y no debes ideas preconcebidas sobre
lo que vas a hacer”.
Ante la pregunta de
qué aporta una experiencia de este tipo, María suspira.
“Me aporta todo. No sé cómo explicarlo. Crecimiento
personal, te permite ver las cosas de otra manera. Tú das
un poquito y recibes mucho más. Aprendes del otro, de su
cultura. Respetas más al que tienes al lado. Te llevas el
cariño de la gente que está allí, sus sonrisas...
Es difícil de explicar”. Respecto al retorno al ‘primer
mundo’, confiesa que le resulta cada vez más difícil.
“La vuelta de Guatemala ha sido peor por la sensación
de que quizás me debería haber quedado allí.
He estado en toda la gestación del proyecto y cuando iba
a echar a andar me he venido. El aterrizaje me ha costado un poco
más. También porque cada vez tengo más claro
que en cuanto pueda me voy a ir a un proyecto de desarrollo de larga
duración”, asegura María.
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