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Entrevista a MARTA MENDÍA por Virginia Jiménez


 
 

 

“Espero llegar a los Juegos de Pekín. Después, ya se verá”

Sencilla y simpática, la saltadora de altura navarra, Marta Mendía, tiene los pies en el suelo a pesar de haber estado en lo más alto del podio español en tantas ocasiones que ni lo recuerda. Tras más de 14 años desde su primer oro nacional, con varios récords de España, habiendo superado el listón del 1,94 metros y con dos galardones a la mejor deportista navarra, la atleta tiene puesta la mira en los Juegos Olímpicos de Pekín. Las Bellas Artes, su otra gran pasión, le aguardan para cuando abandone la alta competición.

¿Es posible vivir del deporte?
En mi caso sí que se puede. Yo vivo de un deporte que, comparado con otros, está bien considerado y recibe muchas ayudas y becas desde la Federación Española y en ese sentido no podemos quejarnos. Por supuesto que estamos a años luz del fútbol. En la alta competición si que te puedes permitir vivir del deporte, pero no te soluciona la vida.

¿Cómo le condiciona la vida su condición de deportista de élite?
Entreno seis días a la semana, una media de dos horas diarias. Es un horario muy levadero, pero como todo deporte, tiene sus pegas y sus sacrificios. Tenemos que cumplir con los entrenamientos en sábados, festivos y lo que toque. Por ejemplo, solemos ir de concentración dos semanas al año y son una en Navidad y otra en Semana Santa. Esos días, mientras que todo el mundo está de vacaciones, nosotros tenemos entrenamientos intensivos durante toda la jornada.

Quitando las dos horas de entrenamiento, ¿a qué se dedica el resto del día?
Intento continuar con mis aficiones y con cursos relacionados con mi carrera, Bellas Artes. Hace años estuve haciendo un módulo de Artes aplicadas de la Escultura en la Escuela de Artes y Oficios y ahora estoy realizando un curso del paro. Trato que entretenerme y se seguir formándome de cara al futuro porque llegará el momento el que tenga que abandonar el mundo de la competición deportiva.

Analizando los sacrificios que le ha supuesto el ser deportista de élite, ¿se ha arrepentido en algún momento?
Nunca me he arrepentido de haber tomado este camino. Yo estudié Bellas Artes en Bilbao, y cuando terminé trabajé durante dos años de profesora. Intentaba compaginar mis dos facetas profesionales, pero era muy complicado, no tanto por las dos horas de entrenamiento diario sino por las concentraciones y campeonatos. Llegó un momento en el que tuve que decidir a qué dedicarme en exclusiva y elegí el deporte.
Siempre he creído que estoy bien recompensada y me gusta tanto lo que hago que las exigencias de mi profesión no me suponen grandes sacrificios. Además, rindo bien con el tiempo que dedico a entrenar. Aunque sean sólo dos horas, todos los días termino cansada y no sería adecuado forzar el cuerpo para entrenar más horas porque no llegaría en forma a los campeonatos.


 

Tras meses de entrenamiento y con miles de ojos puestos sobre usted, ¿qué pasa por su cabeza antes del gran salto? ¿Cómo se prepara para ese momento?
Justo antes de empezar a correr, hago un repaso mental del salto fijándome bien en cuestiones técnicas y aspectos en los que puedo fallar o he tenido problemas en el anterior salto. Trato de ir siempre con una mentalidad muy positiva, convencida de que lo puedo saltar y después sólo te queda ir con todas las ganas del mundo.

¿Qué tal es la relación con sus compañeros de equipo y con el entrenador?
En mi grupo de entrenamiento estamos pocos saltadores, a lo largo de los años ha habido cambios porque algunos se retiraban y entraban otros jóvenes, pero el ambiente siempre ha sido muy bueno.
Con el entrenador tenemos una relación muy buena. Siempre nos ha cuidado muy bien a los atletas del equipo, tratando de ayudarnos con nuestros problemas y apoyándonos cuando las cosas nos van mal. La verdad es que he tenido mucha suerte con mi entrenador porque, al estar en Pamplona, no he tenido que salir fuera para prepararme y he podido estar junto a los míos durante toda mi trayectoria deportiva.

¿Cómo se vive la mejor y la peor cara del deporte de alta competición?
Los triunfos se viven con una alegría y una satisfacción enorme porque tu esfuerzo ha valido la pena y lo has hecho bien, aunque siempre te queda la espinita de que lo podrías haber hecho mejor. Cuando las cosas salen mal, intento analizar el porqué y hay veces en las que te hundes, lo pasas mal dos o tres días, y te quedas con dolor de corazón. Pero enseguida tienes que volver a entrenar, pensar en lo positivo que has aprendido de esa prueba e intentar que no te vuelva a pasar en la siguiente.

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