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CUANDO RUGE LA MARABUNTA
una película de 1954, dirigida por Byron Haskin con Charlton Heston y Eleanor Parker.

 


 

 

Me resistía mucho a hablaros de esta peli, porque su protagonista es Charlton Heston, que siempre me produjo cierto repelús. En realidad, no llegué a saber cual era la razón que justificaba esa antipatía visceral, hasta que la descubrí viendo la patética entrevista que M. Moore hace al actor en el documental “Bowling for Columbine”.
Bueno, olvidando a Mr Heston y su afición a los rifles, lo que para mí hace inolvidable esta peli son esas voraces termitas soldado, cuyo inofensivo tamaño se convierte en una gran amenaza al organizarse en marabunta: un ejército de millones de hormigas, que arrasan a su paso toda vida vegetal o animal.

Buena parte del mérito de “Cuando ruge….”, está en que sea capaz de crear un clímax de terror hacia ese plaga de hambrientas termitas, mucho antes de que aparezcan en pantalla. Un suspense similar al que, años después, consiguió Spielberg en la primera media hora de “Tiburón” cuando el monstruo marino todavía no se había dejado ver. Y también es una peli inolvidable por el glamour que transmite la guapa Eleanor Parker en su interpretación de Joanna, una viuda de Nueva Orleans que, al casarse por poderes con el rico propietario de plantaciones Christopher (Charlton Heston), se traslada a su exótica mansión en plena selva amazónica. Y aquí es donde empieza el “culebrón pasional”, porque el rudo Chris, quien después de tantos años solo en la jungla está como un gato en celo, se agarra un gran cabreo en la noche de bodas al enterarse de que Joanna, a la que creía virgen, conocía ya los placeres de alcoba por su anterior matrimonio.
Así que Chris, ofendido en su honor de caballero decimonónico, se la envaina y sale como un poseso del dormitorio a emborracharse; un recurso muy habitual en las pelis de esos años, para educar al personal masculino de cómo olvidar penas sin recurrir al psicólogo.
La Joanna, como digna dama de su clase social, sólo se ponía ciega de té y nunca se emborrachaba. Pero el movimiento de su pelirroja melena y las transparencias de su camisón son suficientes para que nos enteremos de que cuando Chris, ebrio como una cuba, rompe la puerta para tirársela por la fuerza, cosa que ella está deseando.
Su moral puritana le impide dar rienda suelta a sus ardores y lo rechaza como Dios manda. ¡Faltaría más!
Así que la tensión sexual entre ellos se convierte en una aparente indiferencia, que amenaza divorcio inmediato.
Pero, ¡mira por dónde!, que entonces aparece la marabunta de temibles termitas que, de golpe y porrazo, se convierten en improvisadas arregla-matrimonios cuando Joanna, agarrada a una columna del salón y en un arrebato heroico, decide quedarse al lado de su marido para ayudarle a exterminarlas y poner a salvo sus plantaciones . Bonito, ¿no?

No os la perdáis y, ¡hasta la próxima!


 



   

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